EL PERIODICO DE LA FARMACIA
1 marzo 2010
El balón intragástrico, un “cortafuegos” frente a la obesidad
Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO)
Ministerio de Sanidad y Política Social
Se implanta en el estómago de forma temporal y ayuda a
conseguir pérdidas de peso significativas en un corto periodo de tiempo
La
obesidad es un importante problema de salud en todo el mundo. Lo primero que
hay que hacer para combatirla es luchar con dos de las lacras a las que nos ha
abocado la nueva era dominada por el estrés y las comodidades en exceso: el
sedentarismo y la mala alimentación. Ante el sobrepeso y la obesidad, siempre
es necesario ponerse en manos de un especialista y seguir sus indicaciones: una
dieta personalizada que se adapte a las características de cada individuo y que
ayude a perder peso en pequeñas cantidades y de forma paulatina, junto a la
práctica de ejercicio físico de forma regular.
Pero
en algunas ocasiones estas medidas no son suficientes y el médico puede optar
por sumar un tratamiento farmacológico e, incluso, la cirugía, reservada para
personas con obesidad mórbida, y el balón intragástrico,
un 'particular cortafuegos' frente al avance de la obesidad en el que vamos a
centrar nuestra atención.
Dispositivo temporal
El
balón intragástrico es un dispositivo no quirúrgico
que se implanta en el estómago de forma temporal y que ayuda a conseguir
pérdidas de peso significativas en un corto periodo de tiempo. Al ocupar parte
del estómago, provoca una sensación constante de saciedad. En definitiva, el
paciente que se somete a esta intervención tiene menos apetito, come menos,
'pica' menos entre horas y por tanto consigue adelgazar. Además, con esta
sensación de saciedad es más fácil que la persona que lo porta acabe cambiando
sus hábitos dietéticos.
Lejos
queda ya el año 1985, fecha en la que se implantaron los primeros balones intragástricos, unos dispositivos que pronto se retirarían
del mercado por la elevada incidencia de efectos secundarios que presentaban.
Desde entonces hasta ahora muchas cosas han cambiado. Apenas hace cinco años
(2004) que esta técnica empezó a utilizarse de manera más protocolizada y con
carácter multidisciplinar en nuestro país, que cuenta ya con una acreditada
experiencia en la realización de esta técnica.
El
balón más usado hoy en día es una esfera de silicona que se introduce
desinflada en el interior del estómago a través de la boca, valiéndose de un
endoscopio. Una vez allí se rellena con unos
Especialistas cualificados
No
es una intervención quirúrgica, sino una técnica endoscópica que se realiza
rápidamente, en un tiempo de entre 15 y 20 minutos, de manera ambulatoria, es
decir, sin necesidad de ingreso hospitalario. A pesar de su aparente sencillez,
no todos los centros sanitarios están cualificados para llevar a cabo esta
técnica. Hay que rechazar centros no sanitarios o que no cuenten con un equipo
multidisciplinar para el tratamiento de la obesidad que haga un seguimiento
activo del paciente. Endoscopistas con experiencia en
la realización del procedimiento, cirujanos con experiencia en cirugía de la
obesidad, endocrinólogos y dietistas, que intentan reeducar los hábitos
alimentarios del paciente, y personal de apoyo psicológico (psicólogos y
psiquiatras), que con su trabajo ayudan a obtener mejores resultados, son
especialistas que no deben faltar en este equipo, por lo que los centros
sanitarios que realicen esta técnica endoscópica han de garantizar sus cuidados
antes, durante y después de la colocación del balón.
Resultados
Lo
difícil no es perder kilos en pocos meses sino no volver a cogerlos con el
tiempo y tener un balón intragástrico durante seis
meses en el estómago no es por sí mismo garantía de éxito. El balón intragástrico es una medida de tratamiento de exceso de
peso temporal, un capítulo más dentro de un programa coordinado de modificación
de la conducta alimentaria y de los hábitos de vida; es decir, el balón ha de
ir siempre acompañado de una dieta baja en calorías, aumento de la actividad
física y cambio de hábitos en el día a día. Mientras el balón esté colocado se
pueden perder kilos con relativa facilidad; en concreto, entre diez y veinte a
los seis meses, todo dependerá del peso del que se parta, que se recuperarán
con seguridad si la persona que se somete a esta técnica no sigue en este
tiempo la dieta marcada por el especialista y no incluye el ejercicio físico en
sus actividades diarias. Tal es así que, en general, entre el 30 y el 50 por
ciento de los pacientes recuperan el peso perdido en los seis meses siguientes
a la retirada del balón.
¿En quién está indicado?
Una
cosa está clara: ni debe ser la primera opción ni puede verse como una manera
de perder peso a demanda. Las personas con obesidad severa, especialmente si se
acompaña de otras patologías, como diabetes, hipertensión, apnea del sueño o
artrosis, son candidatos al balón intragástrico, pero
antes de embarcarse en esta técnica tienen que haber fracasado todas las
medidas habituales de pérdida de peso, dieta, ejercicio y tratamiento
farmacológico, según métodos contrastados y siempre supervisados por su médico
o farmacéutico. También puede someterse a ella casos seleccionados de pacientes
con contraindicación a la cirugía de la obesidad o en obesidades muy extremas
que precisen perder peso rápidamente antes de someterse a una intervención
quirúrgica, pues con la pérdida de peso los riesgos que la acompañan
disminuyen.
Por
otro lado, esta técnica está contraindicada en algunos casos muy definidos,
como personas en tratamiento psiquiátrico, con trastornos del comportamiento
alimentario o que padezcan una enfermedad inflamatoria intestinal, como
gastritis o enfermedad de Crohn, entre otras
situaciones. En cualquier caso, quien ha de tomar la decisión de colocar o no
un balón intragástrico es un profesional cualificado,
experto en obesidad, que evaluará, entre otras cosas, la enfermedad en todo su
contexto, las expectativas reales de éxito y las posibles complicaciones.
Alimentación paulatina
Una
vez implantado el balón, el paciente debe ir asimilando los alimentos poco a
poco. Se comienza con una dieta líquida y paulatinamente se van introduciendo
alimentos triturados y blandos hasta que llega el momento en el que se pueden
comer sólidos, pero siempre en muy pequeñas cantidades y repartidos en 5-6
tomas diarias. Estas primeras semanas con frecuencia se acompañan de náuseas y
vómitos, que se pueden contrarrestar con medicamentos antieméticos. Además, se
recomienda tomar un protector gástrico para evitar una excesiva secreción de
ácidos por el estómago. En ese momento, un profesional experto en nutrición
supervisará las indicaciones alimentarias, asesorará sobre lo que debe comer y
vigilará la posible aparición de malnutrición o deficiencias en vitaminas y
minerales.
Posibles complicaciones
La
técnica, aunque correctamente realizada es bastante inocua, en algunas ocasiones,
puede acarrear efectos adversos importantes, por lo que una vez que el balón ha
sido implantado el paciente ha de ser correctamente informado y controlado para
evitar o minimizar las complicaciones. Quien vaya a someterse a esta técnica ha
de conocer no sólo los beneficios sino también los riesgos a los que se expone.
Al
margen de las náuseas, arcadas y vómitos, frecuentes especialmente durante los
primeros días, y de otras molestias también comunes como acidez, reflujo o
estreñimiento, y más allá de las complicaciones que la endoscopia en si misma
puede ocasionar, raras pero posibles, puede ocurrir que el balón se desinfle.
Lo
normal ante tal improbable situación es que el balón desinflado pase por los
intestinos y se expulse del cuerpo de forma natural, pues es lo suficientemente
pequeño como para poder hacerlo, pero puede ocurrir que, atrapado en el
intestino, lo obstruya. Esta situación, aunque ocurre en casos excepcionales,
puede ser muy grave y poner en peligro la vida del paciente, por lo que es
preciso intervenir quirúrgicamente de forma urgente.
Por
suerte, los balones que se utilizan normalmente hoy en día están preparados
para dar la voz de alarma. Y es que, por un lado, cuando hay fuga en el balón,
el colorante azul que se añade al suero salino se elimina tanto por la orina
como por las heces, por lo que no pasa desapercibido y, además, cuando el balón
no está debidamente inflado el hambre regresa y/o no se pierde peso. Si la
persona en cuestión nota cualquier señal de alarma ha de acudir al médico para
verificar si el balón está colocado correctamente y en caso de fuga retirarlo
de forma inmediata.