16 julio 2006
Cánones estéticos de otras culturas nos escandalizan, mientras nuestra sociedad se ve inmersa en un modelo opresor que afecta a nuestra sexualidad por miedo al rechazo, a no sentirse deseables
Cuando llega el verano se aligeran las ropas que nos
protegen del frío y también de nuestros complejos corporales. Nuestro cuerpo
queda más expuesto a las miradas de los demás. La playa y la piscina no admiten
muchos tapujos. Muchas personas se resignan y dejan a un lado las imposiciones
estéticas, pero otras se someten a dietas o a otros métodos más contundentes
para encarar mejor las desnudeces. Finalmente, la historia no suele tener un
final feliz, y puede repetirse compulsivamente cada año. Esta situación es sólo
la punta del iceberg de los problemas que en nuestra sociedad producen las
exigencias de un modelo estético dominante que nos castiga y penaliza sin
compasión a la mayoría. Un modelo estético que se lleva la palma del mundo en
crueldad y como instrumento represor de la sexualidad y de la mujer.
Al norte de la península Indochina, entre Myanmar
(Birmania) y Tailandia, vive un pueblo: los padaungs. Sus mujeres son conocidas
como “las mujeres jirafa”. Su belleza se mide por el número de anillos que tienen
alrededor del cuello. Los padaungs insertan anillos metálicos en el cuello de
las niñas, que se va alargando progresivamente de forma cruel y artificial.
Desde que hace 300 años los hombres tomaron el poder en la sociedad padaung,
cuando una mujer comete adulterio le retiran los anillos, dejándola impedida,
con la amenaza permanente de fractura en su columna cervical. Estas
imposiciones estéticas pueden parecernos terribles; pero si reflexionamos sobre
las nuestras, las de los padaungs son una pequeñez. Podríamos hacer un paseo a
través de otras culturas y sería difícil encontrar una estética tan cruel y
restrictiva como la nuestra, sobre todo con la mujer. Cierto es que algunas
partes del cuerpo son alteradas en algunas culturas, como en el caso del empequeñecimiento
de los pies en las mujeres chinas o la inserción de enormes discos labiales en
las mujeres saras, de la región de Ubangui-Cari, en África. Pero en nuestra
cultura, prácticamente todas las partes del cuerpo, y el cuerpo en su
totalidad, pueden verse implicados.
Liposucciones, ‘liftings’, siliconas, dietas
peligrosas, tatuajes, ‘piercings’, depilaciones dolorosas, bronceados
compulsivos… La piel sensible, agredida y maltratada; el cuerpo ávido de
placer, sometido a torturas sin fin; la mente creadora, esclava de una obsesión
absurda y compulsiva; la atracción sexual, reducida a una mera apariencia. Y
además, todo para casi nada. Ser guapos o guapas es una tarea imposible para la
mayoría, porque nuestra estética, la que nos hemos impuesto, es tan restrictiva
que cualquier motivo puede significar un grave obstáculo. Esta obsesión por un
modelo estético prácticamente inalcanzable produce problemas muy graves, como
la anorexia nerviosa; pero, sobre todo, lo que supone es un importante golpe a
la autoestima. Y sobre la vida sexual ejerce una forma muy sutil y muy cruel de
represión y de discriminación, porque deja directamente fuera del mercado a
muchas personas, y a otras les impulsa a la autoexclusión, lo cual suele ser
más cruel, porque las primeras ya han tirado la toalla, pero para las que no se
alejan tanto del modelo puede ser parecido a lo del palo y la zanahoria. De
hecho, en los muchos talleres de dinámica corporal que desde hace años he
tenido la oportunidad de dirigir, las personas más cercanas a la belleza
oficialmente instituida se han mostrado más descontentas con su cuerpo y con
más complejos que las demás.
Los complejos más frecuentes que yo he detectado
suelen estar referidos a los pechos y a las caderas, en las mujeres, y al pene
y la barriga, en los hombres. Pero el resto del cuerpo tampoco se libra, y las
consecuencias para la sexualidad pueden ser importantes. Nunca olvidaré a una
chica que durante unos ejercicios de sensibilización decía sentir dolor si
alguien le tocaba los pies. Un signo de rechazo, más allá de esas cosquillas
desagradables, tan frecuentes, y que impiden a muchas personas disfrutar de sus
pies. La causa resultó ser la no aceptación de una simple cicatriz. El problema
se resolvió, pero para la mayoría de las personas, que no han tenido la
oportunidad de hacerlo, este tipo de problemas relacionados con los complejos
estéticos pueden cronificarse y ser sufridos en silencio y vergüenza durante
mucho tiempo. Estos problemas pueden ser más o menos graves, pero su gravedad
se fundamenta más en el importante número de personas que los sufren.
Y todo esto afecta a la sexualidad. Es frecuente el
miedo al rechazo, y, por tanto, la evitación del cortejo y de la seducción. No
aceptarse a sí mismo aumenta el miedo a no ser aceptado y fomenta el rechazo de
las relaciones sexuales y de la sexualidad. Además, no sentirse deseable puede
inhibir a su vez el deseo. En nuestra estética, solamente son oficialmente
atractivas las personas delgadas y sin arrugas. Y a las mujeres se les exige
los labios prominentes, los pechos turgentes, la ausencia de canas, etcétera.
Porque el modelo es restrictivo con todos, pero bastante más con la mujer.
Aunque últimamente los hombres llamados metrosexuales se han autoimpuesto un
modelo igualmente alienante. Pero la sexualidad tiene que ver más con las
capacidades comunicativas, las vivencias, la sensibilidad o los sentimientos
que con las meras apariencias. Hay que reaccionar contra este modelo estético
opresor y cruel para casi todos, que intenta alejarnos a unos de otros
agudizando nuestros defectos físicos.
1.
Cultivar
el gusto por la variedad: la perfección es aburrida.
2.
La
verdadera belleza está en el interior. Los ojos son las ventanas a través de
las cuales vemos lo que hay fuera, y también vemos lo que hay dentro.
3.
El
cuerpo es bello cuando es esbelto e igualmente bello cuando ofrece redondeces.
4.
La
belleza exultante de la juventud y la belleza serena de la madurez. Tanto
monta, monta tanto.
5.
La
belleza física no es un seguro para obtener más placer ni más afecto de los
demás.
6.
El
cuerpo agredido y la mente obsesionada son enemigos de la sexualidad.
7.
Liposucciones,
liftings y siliconas pueden cambiar la apariencia, pero no son un seguro para la
felicidad.
8.
La
actitud suele impactar más que la apariencia física.
9.
El
maquillaje que embellece más es una sonrisa sincera.
10.
Al
mirarse al espejo por las mañanas, en lugar de mirarse las arrugas hay que
pensar: ¡olé!, ¡Lo que se va esta mañana a la calle! De otra manera: cultivar
la autoestima y la aceptación de lo que somos.