ABC
20 julio 2010
Sanidad inicia su
cruzada contra los alimentos hipercalóricos en los
colegios
Trinidad Jiménez presenta mañana su propuesta a las
Comunidades
El
Ministerio de Sanidad ha decidido plantar cara a la creciente epidemia de
obesidad infantil, una de las grandes preocupaciones de muchos padres y médicos
que ven a diario cómo dos millones y medio de niños en nuestro país se ven
atrapados por un exceso de peso que no les corresponde para su edad. Y la
primera batalla para combatir esa enfermedad se va a plantear desde los centros
educativos, donde «no se permitirá la instalación de máquinas expendedoras en
aquellas zonas donde puedan tener acceso a ellas el alumnado de Educación
Infantil, Primaria y/o Educación especial», como figura en la propuesta que
mañana presentará Sanidad a las Comunidades autónomas y a la que ha tenido
acceso ABC. En los centros de Educación Secundaria tan sólo se «eliminará la
publicidad» de este tipo de máquinas para frenar el «efecto inductor» sobre los
estudiantes.
Se
trata así de evitar que los menores abusen de productos con un alto valor
energético que pueden adquirir en cualquier momento a través de un sistema de
autoservicio —como son las máquinas expendedoras— que no cuenta con la
supervisión de un adulto. Y todo parece indicar que la iniciativa saldrá
adelante pues contará con el respaldo de todos los consejeros, según explican
fuentes del propio Ministerio.
Criterios nutricionales
Pero
ésta no es la única propuesta que recoge el «Documento de consenso sobre la
alimentación en los centros educativos» que llevará la ministra de Sanidad,
Trinidad Jiménez, al Consejo Interterritorial de
Salud. Ese texto también establece otras medidas para erradicar la que ya se
considera la epidemia de este siglo. De hecho, se indican toda una serie de
condiciones que deben cumplir los alimentos y los menús en los colegios. De las
cantinas y quioscos de los centros estarán excluidos productos y bebidas con
escaso valor nutricional, y esto incluye los refrescos, caramelos, golosinas,
polos, sorbetes, chocolates y aperitivos salados. Los restantes deberán cumplir
unos criterios nutricionales. Cada 100 gramos, el producto (sólido) tendrá como
máximo 400 kilocalorías y su contenido se distribuirá de la siguiente forma: 15
gramos de grasas totales; 4 g. de grasas saturadas; 1 g. ácidos grasos «trans» (realmente sólo deberá contener aquellos de origen
natural en productos lácteos y cárnicos); 30 g. de azúcares y 1 g. de sal. No
tendrán edulcorantes artificiales ni contendrán cafeína. En definitiva, una
lista que no trata de prohibir sino de limitar los valores nutricionales.
A
continuación Sanidad recoge una relación exhaustiva de las características que
tienen que reunir los diferentes grupos de alimentos que se podrán vender: los
quesos serán de bajo contenido en grasa; la leche en cualquiera de sus
presentaciones (entera, desnatada y semidesnatada);
bollos, galletas, helados, productos de panadería... siempre que reúna las
condiciones citadas anteriormente.
Evitar los precocinados
Otra
serie de recomendaciones nutricionales «regulan» de alguna manera los menús.
Por ejemplo, el agua debe ser la única bebida que acompañe las comidas; hay que
limitar el uso de productos precocinados (canelones,
croquetas, empanadillas, pizzas, rebozados...) a una frecuencia de tres veces
al mes; el aliño siempre con aceite de oliva; se dará preferencia a la
utilización de sal yodada; se evitará el uso de guantes de látex y se dispondrá
de un menú alternativo para alumnos que por motivos culturales o religiosos no
pueda ingerir algún tipo de alimento.
En
el anexo III, se establece además las necesidades medias energéticas que debe
contener la dieta del alumnado entre 4 y 16 años. Los estudiantes precisan
2.000 kilocalorías para acometer su actividad diaria que se distribuyen así:
25% en el desayuno, 35% en la comida del mediodía (debe cubrir la tercera parte
de las necesidades), 10% en la merienda y 30% durante la cena. Por eso el
almuerzo de media mañana y la merienda no debería proporcionar más del 10% del
total de la energía de cada día. De ahí que los alimentos y bebidas que se
vendan en el colegio y que normalmente se consumen entre una y otra comida
estén limitados a 400 kilocalorías cada 100 gramos (200 kilocalorías por
porción).
Basta
decir que como principio esencial Sanidad recomienda que los menús sean
variados y equilibrados. Y que los chicos se tomarán su tiempo para disfrutar
de la comida de forma relajada. Cada turno en el comedor dispondrá, como
mínimo, de treinta minutos, ampliando esta duración en los grupos de menor
edad.
En
cualquier caso, los menús serán supervisados a partir de ahora por un
profesional sanitario con formación acreditada y específica en nutrición y
dietética. Y los padres estarán informados en todo momento y cada mes de los
menús que se ofrecerán a sus hijos.
También deporte
Dieta
equilibrada y ejercicio físico son en definitiva los consejos de los
nutricionistas para combatir la obesidad. Y esos parecen ser los objetivos del
Ministerio de Sanidad pues no hay que olvidar que también la futura ley de
Seguridad Alimentaria, que entrará en vigor a finales
de este año o principios de 2011, recomendará a los colegios la puesta en
marcha de programas de «acondicionamiento físico» específicamente dirigidos a
niños con problemas de obesidad. Se incluirán actividades como la bicicleta
estática, la natación o la gimnasia y «actividades multideporte»
en los recreos, como el escondite o la comba. Recuperar viejos hábitos que se
habían olvidado.