EL PAIS
29 enero 2012
Los cirujanos
demandarán al fabricante de las prótesis adulteradas PIP
María R. Sahuquillo
Una sociedad médica española actuará contra la empresa de
los implantes mamarios fraudulentos. La organización pedirá responsabilidades
también a las autoridades por fallos en el control.
Los
cirujanos de estética españoles se consideran también víctimas del escándalo de
las prótesis de mama adulteradas. La Sociedad Española de Cirugía Plástica
Reparadora y Estética (SECPRE) —que agrupa a 900
facultativos— emprenderá acciones legales contra el fabricante de los implantes
fraudulentos: la empresa francesa Poly Implant Prothèse, que
comercializó bajo la marca PIP prótesis elaboradas
con silicona industrial no apta y con un riesgo de rotura mucho mayor. La SECPRE también demandará —sus abogados estudian ante qué
tribunales— como responsable subsidiario a las autoridades francesas, o
europeas, que no detectaron a tiempo que estos implantes dañinos se estaban
vendiendo. Entre 400.000 y 500.000 mujeres en todo el mundo llevan prótesis PIP, que se retiraron del mercado en 2010 tras un aviso de
la agencia del medicamento francesa, alertada por decenas de casos de roturas.
Se calcula que en España hay entre 8.000 y 12.000 afectadas.
No
es la primera demanda que se presentaría contra Poly Implant Prothèse. Tampoco contra
su fundador, Jean Claude Mas. El empresario está
siendo investigado por estafa y ya ha sido imputado por daños involuntarios en
la causa abierta por la Fiscalía de Marsella, que investiga el caso. En ese
país, además del Gobierno, unas 2.500 mujeres han denunciado a la compañía por
roturas de sus prótesis y otros daños en la salud. Un escándalo sanitario que
ha llevado al Gobierno francés a pedir a todas las portadoras de las PIP que se las retiren. Iniciativa que imitaron después
otros como Alemania, Holanda Venezuela o Brasil. Las autoridades sanitarias de
estos países sostienen que esta medida preventiva es necesaria, ya que es mejor
extraer estas prótesis antes de que se rompan (tienen un riesgo de rotura tres
veces superior al habitual).
En
España, el Ministerio de Sanidad no aconseja a las mujeres que se extraigan las
prótesis si no hay rotura. Si la hay, Sanidad solo cubrirá, además, el coste de
aquellas intervenciones que se hubieran hecho por razones sanitarias (por
ejemplo las reconstrucciones mamarias tras un cáncer). El ministerio sostiene
que el resto, la intervención y la sustitución de las prótesis de las mujeres
que se operaron por razones de estética, deben afrontarlo las clínicas. O sus
seguros. Algo con lo que los cirujanos no están de acuerdo.
“Este
es un tema de salud pública y por tanto los costes deberían repercutir en quien
ha llevado a cabo el fraude. O en los responsables de que el fraude se haya
cometido y las aseguradoras de ambos”, afirma Jaume Massià, presidente de la SECPRE.
Algo complicado, sin embargo, reclamar esos costes al fabricante ya que la
empresa —que llegó a ser la tercera del mundo en el sector— se declaró en
quiebra en 2009. Antes incluso de que las autoridades detectaran el fraude. Massià explica también que para los cirujanos y clínicas el
tema es “complejo” ya que normalmente los seguros de los que disponen solo
cubren los materiales bien fabricados, dice. “Nosotros, al igual que las
pacientes, hemos sido estafados; y en esto no solo tiene responsabilidad la
empresa, que adulteró las prótesis en busca de más beneficio [el gel de silicona industrial usado era 10 veces más barato
que el homologado]; también las autoridades porque estos implantes y el
fabricante contaban con todos los permisos legales para vender el producto”,
expone Massià.
Las
PIP contaban con el sello CE, que ofrece la garantía
de la Unión Europea y permite comercializarse en ella. Sin embargo, un sistema
muy laxo de exámenes y de vigilancia —las empresas reciben notificación de las
inspecciones seis semanas antes— permitieron que las prótesis se
comercializaran en medio mundo. La falta de un registro de este tipo de
productos sanitarios provocó que los daños no fueran detectados a tiempo.
Algo
que no deja de criticar Eva Giménez, una de las
fundadoras de la Plataforma de Afectadas por las PIP,
que prepara también una demanda colectiva. Giménez
recuerda, sin embargo, que los cirujanos tampoco alertaron a tiempo de las
roturas de las prótesis. “Todo el sistema falló y en él están los cirujanos.
Hay que revisarlo e introducir más controles en todos los eslabones de la
cadena”, dice. Giménez añade que la mayoría de las
clínicas se niegan, de momento, a afrontar el coste de las extracciones de las
prótesis PIP. “So las mujeres las que pagan”, afirma.